Winston Churchill sobre su experiencia en el colegio

“Por fin llegó el día en que puse fin a casi doce años de colegio. Treinta y seis trimestres durante los cuales rara vez aprendí algo de interés ni utilidad. Volviendo la vista atrás, aquellos años forman el periodo más estéril de mi vida. Fui feliz de niño con todos mis juguetes en mi cuarto y he sido cada vez más feliz desde que me hice hombre. Sin embargo, ese interludio escolar arroja un sombrío y oscuro borrón en mi periplo vital.

En realidad, una educación prolongada, indispensable para que la sociedad avance, no es un proceso natural para el ser humano. Va contra su propio ser. A un chico lo que le gustaría es seguir a su padre en busca de alimento o una presa. Le gustaría hacer cosas prácticas hasta donde le permitieran sus fuerzas. Le agradaría ganar un sueldo, por pequeño que fuera, para contribuir a mantener el hogar. Le encantaría disponer de tiempo y aprovecharlo o malgastarlo como quisiera. Y entonces, quizás por las tardes, un verdadero deseo de aprender nacería de los chicos más prometedores. Pero, ¿por qué inculcarlo a la fuerza en los que no tienen interés?  Así y sólo así es como se abren las ‘ventanas mágicas’ de la inteligencia.”

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