Winston Churchill sobre su experiencia en el colegio

“Por fin llegó el día en que puse fin a casi doce años de colegio. Treinta y seis trimestres durante los cuales rara vez aprendí algo de interés ni utilidad. Volviendo la vista atrás, aquellos años forman el periodo más estéril de mi vida. Fui feliz de niño con todos mis juguetes en mi cuarto y he sido cada vez más feliz desde que me hice hombre. Sin embargo, ese interludio escolar arroja un sombrío y oscuro borrón en mi periplo vital.

En realidad, una educación prolongada, indispensable para que la sociedad avance, no es un proceso natural para el ser humano. Va contra su propio ser. A un chico lo que le gustaría es seguir a su padre en busca de alimento o una presa. Le gustaría hacer cosas prácticas hasta donde le permitieran sus fuerzas. Le agradaría ganar un sueldo, por pequeño que fuera, para contribuir a mantener el hogar. Le encantaría disponer de tiempo y aprovecharlo o malgastarlo como quisiera. Y entonces, quizás por las tardes, un verdadero deseo de aprender nacería de los chicos más prometedores. Pero, ¿por qué inculcarlo a la fuerza en los que no tienen interés?  Así y sólo así es como se abren las ‘ventanas mágicas’ de la inteligencia.”

Anuncios

Rafael Santandreu sobre la educación

Rafael Santandreu es psicólogo. En su último libro “Las gafas de la felicidad” lanza duras críticas al sistema educativo tradicional:

“El problema de nuestras escuelas es que existe la obligatoriedad de estudiar y eso mata la curiosidad, que es la madre del aprendizaje. Los padres y los profesores no confían en los niños, en sus ganas de hacer las cosas bien, de aprender, de hacer cosas bellas y tienen un temor irracional a que los niños crezcan sin los conocimientos necesarios para competir en el mundo adulto”

“Las escuelas son lugares donde básicamente se enseña a temer a la vida y a los demás. No es de extrañar que los jóvenes más atrevidos se rebelen y se pongan en contra de la sociedad del miedo. Los niños que pasan por el aro, aprenden a mentir, a competir en vez de compartir y a temer a los demás y a la vida “

“Siempre he pensado -incluso cuando ya era buen estudiante-que la escuela tradicional es una gran pérdida de tiempo. Si me paro a pensar, la mayor parte de las cosas que sé las he aprendido yo solo, fuera del colegio. Al margen de las operaciones matemáticas básicas y de leer y escribir, no recuerdo nada de lo que me enseñaron ahí. No recuerdo ni un maldito río, ni cómo hacer raíces cuadradas, ni las partes de una flor. Once años seguidos de escolarización. ¡Seis o siete horas diarias de estudio! ¿Para arrojar este triste resultado? ¿No es esto uno de los mayores fracasos de la historia de la humanidad?. Estoy seguro de que si ese esfuerzo estuviese bien invertido la mayoría de niños se podrían convertir en genios de la música, de las matemáticas o del arte. Pensémoslo bien: si pudiésemos estudiar ahora, de adultos, once años seguidos de algo que de verdad nos interesase: ¿no alcanzaríamos niveles fantásticos?!Pues los niños tienen una capacidad de aprendizaje mucho mayor!”

“En un mundo ideal el mayor objetivo de la educación sería enseñar calidad humana. Cómo ser mejor persona, cómo entablar relaciones de amor y colaboración entre los demás. El segundo objetivo sería enseñar a los niños a apreciar el saber como herramienta para el bien común, para divertirse, no para competir. Por lo tanto, toda enseñanza debería ser opcional”