Estudios demuestran la enorme capacidad de aprender por si mismos de los niños

En 1999, Sugata Mitra era el jefe científico en una compañía de Nueva Delhi que entrenaba a programadores de software. Su oficina estaba a lado de un barrio pobre, y un día  decidió poner un ordenador junto a la pared que separaba su edificio del barrio. Quería ver que hacían los niños sin darles instrucciones y se sorprendió al ver que sin saber inglés ni lo que era internet en 8 horas ya estaban navegando y enseñandose entre ellos. Más tarde (2010) realizó un estudio que consistió en instalar programas de biología molecular en ordenador y lo  puso en Kalikuppam (India).  Seleccionó un grupo de niños de 10 hasta 14 años y les dijo que el ordenador contenía algunas cosas interesantes pero no les dio ninguna indicación y 75 días después les hizo un examen de biología molecular y respondieron el 25% de preguntas bien y después de otros 75 días con ayuda podían responder el 50% bien. Aquí lo explica:

Solía enseñar cómo escribir programas informáticos en Nueva Delhi, hace 14 años. Y justo al lado de donde yo trabajaba, había un barrio marginal. Y pensaba, ¿cómo narices esos niños aprenderán alguna día a escribir programas informáticos? ¿O no deberían? Al mismo tiempo, muchos padres, gente adinerada con computadoras,me solían decir: “Ya sabes, mi hijo, creo que es superdotado, porque hace maravillas con las computadoras. Y mi hija… oh, seguro que es superinteligente”. Y así sucesivamente. Así que, de repente, pensé: ¿Cómo es que toda la gente rica tiene tantos niños superdotados? (Risas) ¿Qué hicieron mal las personas de pocos recursos? Hice un agujero en el muro fronterizo entre el barrio marginal y mi oficina y coloqué una computadora empotrada solo para ver lo que sucedía si daba una computadora a los niños que nunca tendrían una, no sabían nada de inglés, no sabían lo que era Internet.

Los niños llegaron corriendo. Estaba a un metro del suelo y dijeron: “¿Qué es esto?”

Y dije: “Sí, es…, no lo sé”. 

Dijeron: “¿Por qué lo has puesto ahí?”

Y yo: “Porque sí”.

Y ellos: “¿podemos tocarlo?” Yo: “Si así lo desean”.

Y me fui. Casi ocho horas más tarde, los encontramos navegando y enseñándose entre sí cómo navegar.Así que dije: “Bueno, eso es imposible, porque… ¿Cómo es posible? No saben nada”.

Mis colegas dijeron: “No, es una solución simple. Seguro que uno de tus estudiantes ha pasado por aquíy les enseñó cómo usar el ratón”.

Y yo: “Sí, es posible”.

Así que repetí el experimento. Me fui a casi 500 km de Delhi a un pueblo muy apartado donde las posibilidades de que pasara un ingeniero de software eran muy remotas. (Risas) Repetí allí el experimento. No había lugar para quedarse, así que coloqué mi computadora, me fui, volví un par de meses después, y encontré niños jugando con ella a videojuegos.

Cuando me vieron, dijeron: “queremos un procesador más rápido y un ratón mejor”.

(Risas)

Así que dije: “¿cómo narices saben todo esto?”

Y me dijeron algo muy interesante. Con voz irritada, dijeron: “nos diste una máquina que sólo funciona en inglés, así que tuvimos que enseñarnos inglés para poder usarla”. (Risas) Esa fue la primera vez, como profesor, que escuché la palabra “enseñarnos” dicha tan a la ligera.

Aquí podemos echar un vistazo de esos años. Ese es el primer día en “Agujero en la pared” A su derecha hay un niño de ocho años. A su izquierda está su alumna. Ella tiene seis años. Y le está enseñando cómo navegar. Luego por otras partes del país, repetí esto una y otra vez, obteniendo exactamente los mismos resultados que teníamos. [Película: “Agujero en la pared”, 1999] Una niña de ocho años diciéndole a su hermana mayor qué debe hacer. Y finalmente una niña explicando en la lengua maratí qué es y dice “hay un procesador dentro”.

Así que empecé a publicar. Publiqué en todas partes. Anoté y medí todo, y expliqué: en nueve meses, un grupo de niños a solas con una computadora en cualquier idioma llegarán al mismo nivel que una secretaria en Occidente. He visto que sucedía esto una y otra vez.

Pero tenía curiosidad por saber, ¿qué otra cosa podrían hacer si podían hacer ya tanto? Empecé a experimentar con otras materias, entre ellas, por ejemplo, la pronunciación. Hay una comunidad de niños en el sur de India cuya pronunciación del inglés es muy mala y necesitaban una buena pronunciación, ya que mejoraría sus trabajos. Les instalé un convertidor de voz a texto en una computadora y les dije: “Sigan hablando hasta que la computadora escriba lo que Uds. dicen”.

Otros estudios de Sugata Mitra:

– Presencia remota: Tecnologías parallevar a los profesor a donde no pueden llegar 

Efectos de la lejanía en la calidad de la educación: un caso de estudio en  las escuelas indias

– Effects of remoteness on the quality of education:
A case study from North Indian schools

Adquisición de conocimiento informático en ordenadores públicos compartidos: los niños y “el agujero en la pared” 

En un estudio de 2010, científicos escanearon la actividad cerebral de 16 personas sentadas en frente de una pantalla de computadora. La pantalla estaba borrosa excepto por un pequeño cuadrado que se podía mover y por el cual podían ver objetos trazados en una cuadricula. La mitad del tiempo, las personas controlaban la ventanilla. Ellos podían determinar cuanto tiempo pasaban examinando los objetos. El resto del tiempo, solo miraban una reproducción de alguien más moviendo la ventanilla. Los científicos descubrieron que las personas que controlaron sus propias observaciones, exhibieron más coordinación entre el hipocampo y otras partes del cerebro relacionadas con el aprendizaje y también un incremento de 23 por ciento en su capacidad de recordar objetos. “La verdad es que si no eres tú el que controla lo que aprendes, no vas a aprender tan bien,” dice el científico Joel Voss, quien ahora es un neurocientifico en la Universidad Northwestern.

En 2009, científicos de la Universidad de Louisville y del MIT  hicieron un estudio con 48 niños de edades entre 3 y 6 años. Les dieron un juguete que podía chirriar, tocar notas musicales, y reflejar imágenes, entre otras cosas. A un grupo de niños un científico le mostró una de esas funciones y después dejó que ellos jugaran con el. Al otro grupo no les dijo nada. Este grupo jugó por más tiempo y descubrió en promedio seis funciones del juguete. El otro solo descubrió cuatro.

Un estudio de Universidad de California en Berkeley demostró que cuando no se les da ningún tipo de instrucción a los niños, ellos conciben soluciones originales a los problemas con más frecuencia.

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