Femen y la tolerancia

Al grito de ” aborto es sagrado ”  y ” Toño, no te metas en mi coño “  varias iracundas activistas de Femen  se lanzaron sobre el sorprendido cardenal Rouco el mismo día que otros radicales del mismo calibre gritaban en el Tren de la Libertad  ” hay que quemar a la Conferencia Episcopal por machista y patriarcal ” . 

Afirmaba hace tiempo Carlos Rodriguez Braun  ” La idea de tolerancia es esgrimida por los progresistas, que pueden ser muy intolerantes con quienes no comparten su credo “  y en la izquierda radical podemos encontrar infinidad de ejemplos. Por contra, esta falta de tolerancia rara vez surge cuando se trata de los errores propios – ” ¿Por qué miras la paja que hay en el ojo de tu hermano y no ves la viga que está en el tuyo? “ (Lucas 6, 41-42) -.

Me pregunto , con Santiago Martín, que ocurriría  si  las mujeres que van a abortar fueran increpadas por unas antiabortistas llamándolas asesinas y arrojándolas de paso unos trapos manchados de tinta roja. ¿ No sería el gran escándalo ? ¿ Les acusarían de cometer un delito tipificado en el código penal ? .

La represión de los católicos ha estado patente desde tiempos de Jesucristo, quien advirtió ” dichosos vosotros cuando os insulten,  persigan y  calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos,  porque vuestra recompensa será grande en el cielo “ .

Como conclusión, citaré a  Voltaire, brillante defensor del respeto a las opiniones ajenas: “ No  estoy de acuerdo con lo decís , pero defenderé hasta la muerte vuestro derecho a decirlo ” , una expresión repetida siglos  más tarde  Winston Churchill.

 

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Un pensamiento en “Femen y la tolerancia

  1. Sr. Falcó:
    Eso que comenta usted de los antiabortistas manifestándose, en realidad sucede.
    El ejemplo de FEMEN es de clara agresividad, intolerancia y poca reflexión; no se puede negar. Y se debería añadir que el desnudarse en contra de la cosificación de la mujer resulta casi irónico.
    Todo lo que usted dice es cierto.
    Pero quisiera comentarle que la mayor parte de los estamentos religiosos, salvo excepciones, destacan y han destacado por obligar a los propios conceptos morales de cada religión (por no hablar de ideologías o incluso segmentos de agrupación de diversa índole).
    En este siglo, si hablamos de libertad y de tolerancia como valores, deberíamos avanzar hacia lo que marcan las democracias: el concepto de ética y moral imperantes deben ir de la mano de la cultura que vota al respecto en unas elecciones.
    Nos encontraremos con divergencias: cada país, cada época y cada situación económica permiten o toleran distintas aplicaciones, y se podría argumentar que lo que está bien o mal es relativo y no absoluto. Ahí está el juego, incluso el concepto de tolerancia puede ser nocivo.

    Y claro, cada persona, colectivo o onda social propugna sus valores como “los más adecuados”, algo muy humano por otro lado, y quizá la única manera de conseguir un consenso.

    En cualquier caso, quizá los católicos deberían abandonar esa unión entre tradición, religión y moral y separar conceptos. Dios, ese Dios que define la Iglesia Cristiana (al igual que otros dioses) es una metáfora que no debe interferir en decisiones humanas. Usted puede creer en ese Dios, literalmente y sin matices, o con los matices que su vida determine, pero no puede pretender que otros individuos, en otras situaciones diferentes a la de usted, crean en lo mismo, o, peor aún, actúen en base a las conclusiones de esa creencia.

    Si yo creo que no existe ni el bien ni el mal, y juzgo oportuno salir a la calle pegando tiros, es legítimo eliminarme de la sociedad, por más que mi razonamiento pueda ser legítimo. Existen unas creencias y unas normas sociales establecidas.

    Entiendo que los ideales religiosos influyen es esas normas sociales establecidas. Al igual que la economía, el bienestar, la educación, el nivel cultural, y otros muchos.

    Quizá la instancia final sea que la relación con eso que usted llama Dios sea algo completamente personal, intransferible e incomunicable. La inquietud humana (y su ego) lo vuelven casi imposible.
    Sí, es posible que una sociedad se vuelva malvada, y opine que hay que matar a los pobres, o los judios, o autorizar la justicia personal, los linchamientos de plaza de barrio, el insultar a los feos o cualquier otra cosa que ahora pueda parecer poco ética (quemar libros, esclavizar a otros humanos, inferiorizar a las mujeres, prohibir relaciones fuera del matrimonio o amenazar con un infierno tras la muerte si no se porta uno bien).
    Sí, esas cosas han pasado y pasarán. Muchas de ellas por la maldad humana, y otras propiciadas por la sociedad y sus momentos. Muchas de ellas amparadas por la religión; o realizadas bajo el silencio de la misma al respecto.
    Por ese motivo, que sea la propia religión (entiendo como tal la organización de una serie de creencias) la encargada de velar por la moral, me parece sumamente peligroso.
    ¿Ustedes son buenos? Pues practiquen el bien común, en la medida que les sea posible, y sean felices con ello. Prediquen con el ejemplo, y por lo menos, no violenten a nadie, que eso ya es mucho,

    Y a las chicas esas de Femen, les digo exactamente lo mismo. No se diferencian mucho del ejercicio radical de una religión.

    Un saludo!

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