Murray Rothbard sobre prostitución

 

Como el sexo es un aspecto singularmente privado de la vida, resulta intolerable que los gobiernos pretendan regular y legislar el comportamiento sexual, aunque, por supuesto, éste ha sido uno de los pasatiempos favoritos del Estado.

Si el trabajo y las personas en general deberían ser libres, entonces también debería haber libertad para ejercer la prostitución. La prostitución es la venta voluntaria de un servicio laboral, y el gobierno no tiene derecho de prohibirla o restringirla. Habría que destacar que muchos de los aspectos más penosos del comercio callejero surgieron debido a la proscripción de los burdeles. Como casas de prostitución administradas por celestinas ansiosas de cultivar la buena voluntad de los clientes durante largo tiempo, los burdeles solían competir para proveer un servicio de alta calidad y establecer su “marca registrada”. Su prohibición obligó a la prostitución a desarrollarse en un “mercado negro”, a una existencia efímera, con todos los peligros y merma general en la calidad que esto siempre conlleva. Recientemente, en la ciudad de Nueva York se ha manifestado una tendencia de la policía a reprimir drásticamente la prostitución con el pretexto de que ha dejado de ser un negocio “sin víctimas”, dado que muchas prostitutas cometen crímenes contra sus clientes. Sin embargo, la proscripción de ocupaciones que pueden conducir al crimen justificaría también la prohibición de vender alcohol, porque muchas peleas suceden en los bares. La respuesta no es proscribir la actividad voluntaria y realmente lícita, sino que la policía se encargue de que no se cometan los verdaderos crímenes. Debe quedar claro que para el libertario, la defensa de la libertad de ejercer la prostitución no implica en absoluto la defensa de la prostitución en sí misma.

En pocas palabras, si un gobierno particularmente puritano declarara ilegal el uso de cosméticos, el libertario exigiría que fueran legalizados, sin que esto implicara en modo alguno que favorece -o para el caso, desaprueba- la utilización de cosméticos. Por el contrario, según su ética y su estética personales, bien podría opinar en contra del uso de cosméticos después de su legalización; sus esfuerzos siempre están dirigidos a persuadir, nunca a obligar.

 

Extraido  de el libro de Murray Rothbard ” El manifiesto libertario”. Capítulo “Leyes acerca del Sexo”.

 

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Un pensamiento en “Murray Rothbard sobre prostitución

  1. Interesante, defienden la prostitución no en sí misma, sino como una opción más de las que puede tomar el individuo. El liberal no está a favor de drogas, prostitución, o cosméticos… está a favor de la libertad…

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